Rodríguez Juliá, Edgardo2019-09-252019-09-252015-03-1619980251-3552http://hdl.handle.net/20.500.12424/219376"La casa de Luis Rodríguez Olmo tiene ese aire excéntrico; ahí se destaca, en el antiguo barrio cangrejero, algo emblemáticamente. Localizada entre la avenida Ponce de León y la Fernández Juncos, a la altura de la parada dieciocho y media, se me describió, con algún énfasis, como «la casa de las bolas» en la calle Figueroa. Se puede entrever la antigua distinción: a la segunda planta sube una escalinata con esas bolas –parecen de boliche, no de béisbol– que ornamentan el pasamanos. La construcción en concreto armado incita la memoria, es el detalle en que la época pasada aún se señala; no se trata de la obra maestra de un arquitecto sino de la feliz concepción de un maestro de obras. El trabajo en cemento tiene ese aspecto funcional –con alardes «ornamentales» aunque no arquitectónicos– de las casas de concreto de hace 50 años. Se respira la época de mi infancia. La casa de los años 50 con distinción hoy está en un barrio venido a menos, ocupado por la emigración dominicana.spaCreative Commons Copyright (CC 2.5)baseballbaseballtestimonytestimonyCultural ethicsCultural/intercultural ethicsSocial ethicsSports ethicsCommunity ethicsLifestyle ethicsLa euforia del guardabosque [The euphoria ranger]Article