Villoro, Juan2019-09-252019-09-252015-04-1719900251-3552http://hdl.handle.net/20.500.12424/220743"Más allá de los escándalos que fulminan o establecen reputaciones, la literatura erótica deriva su calidad de su compromiso con la inteligencia. De Ovidio a Luis Zapata, las grandes obras del género no se basan en una virtuosa exposición de genitales sino en los trabajos de la mente, en los resquemores, azotes, truenes, dudas, pérdidas, anhelos, en la «mísera esperanza que suele robarse al viento». Caso límite de esta tendencia es el capítulo 68 de Rayuela, que logra una alta temperatura sexual con palabras que no vienen en los diccionarios. En un libro la principal zona erógena es la mente y el placer se basa en su estimulación. La llana pornografía, que depende tanto del recambio de secreciones y las posibilidades biológicas de ensamblaje, caduca tan rápido como una ejaculatio praecox. "spaCreative Commons Copyright (CC 2.5)erotic literatureliteratureliterarytransgressions loveBioethicsSocial ethicsSexual orientation/genderCommunity ethicsLifestyle ethicsLiteratura erótica, hielo delgado [erotic literature, thin ice]Article